Ayer me ocurrieron una de esas cosas que hacen de mi trabajo un trabajo único y especial:

Hace poco más de una semana, recibí una llamada telefónica de una persona que, en principio, no conocía. Miriam era una completa desconocida hasta hace unos meses se presentó en nuestra casa diciendo que le traía un montón de recuerdos. Yo, desconocedor por completo de aquella historia, me enteré de que ella solía regentar la casa donde yo ahora vivo para cuidar y pasar tiempo con mi mujer (Manuela) y sus hermanas.

Eso dio pie a que muchos años después pasara por allí y yo estuviera presente.

Esa llamada que he comentado que recibí era de Miriam. Se presentó, recordé y todo se puso en su sitio. La llamada era para decirme que se casaba en el ayuntamiento de nuestro pueblo (El Real de San Vicente) y que se había enterado que yo era fotógrafo de bodas. Les pasé presupuesto y lo aceptaron.

La boda y mi trabajo fue algo fácil y corto. Cubrir la ceremonia, unas fotos de familia y unas fotos de pareja al caer la tarde.

Todo esto sería un día más si no fuera porque aquel trabajo, aquella sesión, forjó una amistad que sólo tiene indicios de seguir creciendo. Hoy he recibido en mi casa a la pareja para darles las fotos. Sí, las he editado en un sólo día y he querido que se las llevaran porque quería tener un detalle con ellos por su amabilidad.

Estos trabajos que crean amistades son los que engrandecen y engordan el sabor y la sustancia de la fotografía de parejas. Estoy enormemente agradecido de poder tener estas oportunidades de conocer gente tan magnífica y de poder crear nuevas amistades que me hagan sentirme, una vez más, orgulloso de dedicar tanto tiempo y esfuerzo a mi profesión.

Gracias chicos, sois vosotros los que hacéis de la fotografía un arte único.